Para no tropezar, hay que mirar atrás

Más vale tarde que nunca. Ya sé que no es una gran frase de inicio. Pero es que el miedo al papel en blanco sólo se combate poniéndose a escribir, aunque se arranque con (otra expresión manida) un ‘lugar común’. Y es que la caja de texto vacía de un blog también puede ser terrorífica. La foto de esta entrada corresponde al libro “Más allá de la medida”, que se presentó el pasado 13 de octubre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ni pude ir a la presentación, ni tampoco a recoger (casi un año antes) el certificado que me acreditaba como uno de los diez finalistas del certamen que motivó su publicación: el I concurso de microrrelatos del Museo de la Palabra.
Hubiera querido publicar esta nota cuando me comunicaron el fallo del jurado (queridos y escasos lectores de este blog, dejad que masajee un poco mi ego de narradora: se presentaron 3.682 microrrelatos) y no supe encontrar el momento. También me quedé con ganas de hacerlo cuando se editó el libro con los trabajos de los 160 finalistas. Y, volviendo al inicio de este post, como más vale tarde que nunca, aquí os dejo el enlace a “Más allá de la medida”. Si tenéis curiosidad por leer mi cuento, está en la página 18.
En aquellas diez líneas, di forma literaria a un miedo real que sentía cuando, de pequeña, en la época pre-contenedores (¿la recordáis?) había que bajar la basura a la puerta de noche, antes de que pasara el camión de recogida. Mi imaginación infantil me hacía pensar que, si no corría lo suficiente, el hombre malvado que esperaba agazapado en el descansillo acabaría con mi vida de un certero disparo (sí, ya sé, los preescolares no deberían ver películas de gánsters, pero me pirraba el cine negro americano).El relato acaba con mi certeza de que, para erradicar mis miedos (ése, otros, todos), no quedaba otra que girar la cabeza y enfrentarme a la realidad: que yo era la única responsable y creadora de mis pavores, y que huir no era la solución.
Cuando envié el micro, aún no me había dado la vuelta. Nos han enseñado que los tropezones se evitan mirando por dónde andamos. Por fin he descubierto que, antes de iniciar el camino, hay que volver la vista atrás. Porque el pánico paraliza (o te hace correr sin sentar los pies firmes sobre el suelo). Últimamente me ha dado por inspeccionar rincones oscuros y quiero compartir mi descubrimiento: si tú no los pones ahí, los francotiradores eligen la escalera de otro para practicar puntería. Así que ya no me quedan excusas para seguir caminando. Esta vez, tranquila y confiada. (Esta entrada se publicó el 21 de enero de 2011 en mi primer y difunto blog, que murió por mi impericia con las contraseñas y por el kafkiana formulario de recuperación de acesso de blogger. Descanse en paz).

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2 pensamientos en “Para no tropezar, hay que mirar atrás

  1. Enhorabuena! He leído tu relato y me ha gustado de verdad. Imagino que eso de ser periodistas nos da cierta pericia para decir lo justo en pocas palabras. Muy bien. Sigue escribiendo y compartiendo.

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