¡Gracias profes!

Hoy es el Día del Docente. Esa profesión tan a menudo criticada, frecuentemente sin conocimiento de causa. Como funcionarios que son (los que lo son; hay muchos interinos y también muchos profesores de la escuela concertada o privada), les envidiamos su horario de 30 horas semanales, las vacaciones más largas que las del común de los mortales y el puesto para toda la vida. Sin embargo, he oído muchas veces el comentario de “yo no querría, ni loco, lidiar con 25 niños, y menos aún con 25 adolescentes”. Es un trabajo estresante. De hecho, siempre aparecen en las estadísticas como una de las profesiones con mayor índice de bajas por ese motivo.

Ha dado la casualidad que ha sido hoy cuando he tenido la reunión de inicio de curso (P5 en el caso de mi hija). Tengo que reconocer que me ha impresionado el esfuerzo de imaginación, actualización de métodos y conocimientos (y de cuadratura del círculo cuando, como ahora, los recursos a disposición de la escuela pública han menguado), que hace el equipo docente de mi escuela (el CEIP Pallaresa). Por ejemplo, les han quitado la sexta hora, y a algún profesor. Pese a ello, han redistribuido funciones y han creado un servicio de enseñanza personalizada, que es una profesora que hará refuerzo a pequeños grupos que, o bien tengan dificultades concretas en algún aprendizaje, o bien posean altas capacidades que han de ser estimuladas.

También han dedicado horas de discusión a ver cómo podían ingeniérselas para que la salida de la escuela (teniendo en cuenta que hay unos 500 alumnos, y que en el caso de varios cursos, por ejemplo P5, hay tres clases en lugar de dos) sea un poco menos caótica. Quizás no han encontrado la solución ideal, pero estoy segura de que lo han intentado.

Este año, en su día, los maestros de toda España tenían pocas cosas que celebrar: la eliminación de la sexta hora, las no renovaciones de profesores, recortes en recursos económicos, aumento de horas lectivas, padres angustiados por la reducción de becas de comedor, de subvención de libros… Y aún así, a mí me han transmitido ganas de hacer bien las cosas, interés por sus alumnos, etcétera. Como en todos los gremios, hay mejores y peores profesionales. Pero, en cualquier caso, ellos tienen en sus manos una parte (sólo una, la otra está en las nuestras, las de sus padres) de la educación de nuestros hijos. Así que, toca ser exigentes con ellos si creemos que no están haciendo bien su trabajo, pero también generosos cuando creamos que sí están cumpliendo.

Yo tengo muy buen recuerdo de varios de mis profesores. Así que, desde aquí, vaya un ¡gracias profes!

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