Cuentos con sabor a verano (1): Cabezonadas

No sé si habrá un 2 pero, de momento, os dejo un microrrelato que he escrito sobre los viajes y el verano. Espero que os guste.

Carreteras-secundariasCABEZONADAS

A cabezón no le gana nadie. Por eso no sirvieron de nada mis protestas ni las de nuestras hijas. Que si íbamos por la Nacional nos perderíamos lo mejor del viaje. Ese era su argumento. El nuestro, que en un coche atestado de maletas y sin aire acondicionado, una vía rápida era la única opción.

Empezamos a perdonarle tras conocer a Ignacio, el pastor que nos mostró cómo su perra, Luna, mantenía a raya a las ovejas. Luego comimos migas con boquerones en un mesón, y nos enseñaron a beber del botijo. Después de eso, ¿qué podíamos hacer? Reconocer nuestra derrota y  plantarle un par de besos. Por cabezón.

Carmen Becerra, julio de 2013.

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4 pensamientos en “Cuentos con sabor a verano (1): Cabezonadas


  1. Un buen día o tal vez una noche
    Cerca del mar yo me había dormido
    Cuando de repente el cielo se llena de luz
    Y un águila negra salió de ninguna parte

    Lentamente las alas batía
    Lentamente él iba girando
    Cerca de mí parando mis latidos
    Y como seda en el cielo el pájaro se detuvo

    Los ojos eran de color rubí
    Y las plumas de color de noche
    Y su fuente miles rayos de roce suave
    El pájaro hermoso coronado lucía un diamante azul

    Con el pico la cara me tocó
    Su corazón me encontré en la mano
    Fue entonces que saber por que
    Imagen del pasado volvió conmigo

    Buen águila llévame contigo al país
    de otros tiempos y sé mi amigo
    Como antes en sueños claros de niño
    con miedo y temblando estrellas y mas estrellas

    Como antes en sueños claros de niños
    Como Antes encima de una nube blanca
    Como antes tú y yo el sol encenderemos
    Y en la isla del recuerdo la lluvia caerá

    El águila negra volvió los ojos al sol
    Hacia el sol de repente emprende el vuelo

    Un buen día o tal vez una noche
    Cerca del mar yo me había dormido
    Cuando de repente el cielo se llenó de luz
    Y un águila negra apareció de ninguna parte

    Lentamente las alas batió
    Lentamente se fué girando
    Cerca de mí parando mis latidos
    Y como caído del cielo el pájaro se detuvo.

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