Tren nocturno a Lisboa: viajar buscando otra vida

Tren-nocturno-a-Lisboa-portada-libroHace mucho tiempo que leí Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier. Ha vuelto a mi memoria con la noticia de que Bille August ha dirigido una adaptación del libro (Tren de noche a Lisboa) y que, por las críticas que leo, no sé si me animaré a ver. A los que ya hemos creado en nuestra mente un mundo entero a partir de una novela, suele ser difícil que el film nos parezca a la altura.

La novela tiene dos planos: de una parte, la vida presente del profesor suizo de latín, Raimund Gregorius (Jeremy Irons en la película); de otra, la vida recordada, a través de personas que lo conocieron y de lo que él mismo dejó escrito, de Amadeu Prado, médico, escritor y parte activa en la resistencia contra la dictadura de Salazar en Portugal.

Siempre me han gustado las historias en que el protagonista busca vivir de un modo más intenso, ya sea inventándose una nueva personalidad (ese Gregorio Olías trasmutándose en Augusto Faroni en la maravillosa Juegos de la edad tardía, de Luis Landero), o intentando meterse en la piel de otro, revivir de algún modo su historia, como es el caso de Tren nocturno a Lisboa y de Raimond (Mundus) tras las huellas de Amadeu Inácio de Almeida Prado.

Son libros inspiradores. Nos dan un pellizco que nos recuerda que, si pasamos por la vida adormilados, vamos dejando atrás la oportunidad de vivir en mayúsculas. No hace falta ser espía, ni formar parte de la resistencia para vivir de verdad. Pero sí aprovechar los momentos, no posponer eternamente el comenzar a perseguir nuestros sueños (alguno, aunque sea humilde, que nos haga avanzar). Nos invitan a correr unas veces (tras lo que deseamos) y a parar otras; porque a menudo merece la pena llegar cinco minutos tarde a una cita para escuchar a un músico del metro que, sin saberlo, está tocando nuestra canción.

tren-de-noche-a-Lisboa-cartelPocos tendremos el arrojo de abandonarlo todo para coger un tren a Lisboa tras las huellas de un escritor del que poco o nada sabemos, aparte de que sus palabras nos han hechizado. Tampoco es necesario. Los Amadeu están por todas partes. Y las oportunidades de implicarnos, de ayudar a otros, también. Nuestro entorno, nuestro pasado y nuestro presente, están repletos de historias y personas fascinantes. Sólo hace falta querer verlas.

La novela de Mercier es pausada (que no lenta ni aburrida) y reflexiva. Recoge el pensamiento filosófico de Amadeu (el autor también es filósofo, además de novelista), que Pascal Mercier (pseudónimo de Peter Beri) hilvana con maestría con el desarrollo de la acción. Sólo algunos ejemplos:

Una cosa sé: cuando sucedió aquello con Estefanía, no me sorprendió nada. Esas cosas suceden: que no sepamos lo que nos falta hasta que lo obtenemos, y de repente se pone claramente de manifiesto que era eso.

 

Cuando los otros nos obligan a disgustarnos con ellos –por su insolencia, su injusticia o su falta de consideración–, ejercen un poder sobre nosotros, proliferan y nos devoran el alma, porque el disgusto es como un veneno ardiente que socava todos los sentimientos moderados, nobles y armoniosos y nos roba el sueño (…) porque mientras estamos sentados al borde de la cama con las sienes adoloridas, el remoto causante permanece ileso de la fuerza destructora del sigusto de la que somos víctimas.

Para los que sienten que tal vez ha llegado el momento de coger un tren:

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8 pensamientos en “Tren nocturno a Lisboa: viajar buscando otra vida

  1. Totalmente de acuerdo con las palabras de Carmen respecto a “Juegos de la edad tardía”de L.Landero.Una de las novelas españolas más importantes de los últimos años.Como también lo son “La fuente de la edad”de Luis Mateo Díez ,-o ya que hablas de Lisboa- “El invierno en Lisboa”de Muñoz Molina.
    LA NOVELA DE Mercier todavía no la he leído.

    • También he leído La fuente de la edad. A mí me tocó leerlos en la Facultad, y es de aquellas veces que te alegras de tener un profesor de literatura con buen gusto. Muñoz Molina ha sido durante mucho tiempo uno de mis escritores de cabecera (también lei El invierno en Lisboa, entre otras), aunque llevo un tiempo algo desenganchada de este autor. Viendo los gustos que compartimos, creo que sí podría gustarte la novela de Mercier. ¡Saludos!

      • Hola Carme.Pues sigo leyendo a Ishiguro.Tu recomendación.
        Deberias hablar de tus lecturas de.adolescente y facultad.Tus lectores queremos saber más.:D
        ¿Que te ocurre con Muñoz Molina? no te gustan sus últimas obras ?
        Ya ves que tus lectores solo pensamos en disfrutar de tu blog y escritos(esperando algún libro futuro…)y no en la disponibilidad de tiempo libre que tienes.Somos un poco egoistas.Como todo admirador lector es quizá…

      • Hola Raúl, pues ya me dirás si te está gustando el libro. No es que me pase nada en concreto con Muñoz Molina, pero quizás es que se me volvió un poco áspero, no sé explicarlo mejor. Ya no conectaba tanto con él. Pero seguro que le volveré a dar una oportunidad en algún momento. Mis lecturas de adolescente quedan muy lejos… El problema es que no releo, y me gusta tratar los libros a fondo en los posts, así que si no los tengo recientes es muy difícil. Sí que tengo un poquito abandonado el blog, y me parece que así va a seguir por una semanita más o menos, quitando alguna breve incursión. Gracias por comentar y que termines bien el fin de semana.

  2. Es un placer leer las meditaciones de personas con una mente tan lucida, si en algo comparto totalmente tú punto de vista, es en que ninguna película basada en un libro, esta a la altura del mismo y si he visto primeramente alguna película que me ha dejado un buen sabor de boca e intentado hacerme con el libro por que sabía que se quedaban muchas y muy interesantes en el tintero. Un Abrazo.

    • Gracias, por tu comentario. Me alegro que te haya gustado el artículo. A mí también me suele gustar más el libro, aunque hay veces (no muchas) que, cada uno en su estilo, se pueden considerar buenos tanto el libro como a la película. Por ejemplo, El nombre de la rosa. ¡Un saludo!

      • Cierto es que el nombre de la rosa en película hace un poco de sombra al libro, pero no por el argumento en si, si no por el papelón de sean connery que sabe meterse en el papel como si lo hubiera vivido en carne y hueso.

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