Spandau Ballet: historia de un autógrafo

Spandau Ballet ha Autografo-Tony-Hadley-Spandau-Balletestado en Barcelona estos días, ofreciendo un concierto en los magníficos Jardins de Pedralbes. La foto que ilustra este post es un autógrafo de Tony Hadley, el cantante del grupo. Y no, a mi edad no voy pidiendo autógrafos por ahí como una quinceañera (con todos mis respetos para las susodichas). Ese autógrafo tiene casi 30 años. Y aquí va su historia. Cuando con 11 años empezó a interesarme la música, Spandau Ballet triunfaba con el álbum True. También fue en esa época cuando nos compramos el primer vídeo, así que mi hermana y yo veíamos los vídeos de Gold, True (grabados de la televisión en nuestras cintas VHS), y todos los que lanzaba el grupo, una vez, y otra, y otra… Tanto que mis padres conocían perfectamente el aspecto de todos los componentes de Spandau Ballet.

Unos años después, en el 87, mi padre iba caminando por Barcelona cuando se fijó en un chico moreno, alto, con aspecto de extranjero, que esperaba para cruzar un semáforo. No recordaba su nombre, ni tampoco sabía inglés, pero sí era consciente de que a sus hijas les encantaría que consiguiese un autógrafo de aquel cantante al que, por cierto, nadie más había reconocido. Y sacó su libreta de trabajo y un bolígrafo y se las dio a Tony Hadley, que escribió la firma que veis ahí arriba. Yo creo que, superada la sorpresa por ver que tenía admiradores masculinos maduritos en España, imaginó que el autógrafo no lo pedía para él. Al menos yo siempre me he adjudicado las tres x que hay junto a la firma, y que simbolizan besos.

El resto (las pegatinas del SuperPop, la decoración…) se lo añadí yo cuando mi padre vino y nos trajo la muestra de su hazaña. Una hazaña que completó acompañándonos a mi hermana y a mí (también vino mi madre) al concierto que daba el grupo en La Monumental de Barcelona. Nuestro primer concierto. Lo disfruté como una loca. Y el autógrafo estuvo durante muchos años colgado en la puerta del armario de mi habitación. Y, como veis, ha sobrevivido al paso de los años guardado como uno de mis recuerdos más queridos de la adolescencia.

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Vídeo del concierto de Spandau Ballet el 21 de junio en el Festival de Música de Barcelona (Jardins Palau Reial Pedralbes)

Y, casi tres décadas después, gracias a ganar un sorteo (en el que elegí a Spandau Ballet frente a Bob Dylan, Ana Belén y Víctor Manuel, Anastacia…), descubrí que quien tuvo retuvo, que Tony Hadley sigue poseyendo una voz envolvente y elegante. Que el saxo de Steve Norman le da un toque muy especial a la música del grupo. Que Martin Kemp sigue tan atractivo como siempre, pero que es su hermano Gary quien corta el bacalao. Y que aunque a la mayoría nos cueste recordar el nombre del batería (John Keeble) su aportación musical es básica. Y no, no llevé el autógrafo ni se lo intenté enseñar a Tony Hadley para decirle “my father asked you this autograph for me almost 30 years ago. You remember?”. De hecho, si hubiera sido yo quien me lo hubiera encontrado en la calle, creo que me habría faltado valor para pedírselo. En cambio, pienso que por mi hija sí lo haría. Gracias papá.

Carmen también se hace selfies

Carmen, Liceu 2015El pasado miércoles vi mi primera ópera. Supongo que esto basta para dejar claro que ésta no es una crítica especializada. Tuve suerte por partida doble: porque compartí con mi madre unas estupendas y gratuitas localidades en el Gran Teatre del Liceu (me tocaron en un sorteo) y porque la ópera era ‘Carmen’, de Bizet. Creo que es una buena partitura para estrenarse. Varios de los pasajes ya los conocía (y me gustaban), y me da la impresión de que es una obra hasta cierto punto asequible a principiantes.

La invitación era para el ensayo general, pero la obra ha rodado tanto (la han visto más de 500.000 personas) que no tuvieron que interrumpirla ni una sola vez. El reparto me pareció magnífico. Me sorprendió la sensualidad de Carmen, la mezzosoprano Béatrice Uria-Monzon, y lo bien que encajaba en el personaje. Supongo que me había quedado con la imagen de grandes cantantes con voces prodigiosas pero con físicos alejados del que se les suponía a los personajes que interpretaban.

También me sorprendió, y me gustó, ver que hoy en día los cantantes son también actores. Que Calixto Bieito (imagino que también otros directores actuales) hacen que la puesta en escena se equilibre con la música (la dirección musical estaba a cargo de Ainars Rubikis). Que la interpretación, la gestualidad, los movimientos refuercen la obra. Y no, a mí no me molestó (quizás en algún momento sí me distrajo un poco) que ‘Carmen’ se hiciera un selfie, o que se quitara las bragas bajo la falda para tener sexo con Don José (Nikolai Schukoff). Incluso creo que me la hizo más cercana.

Carmen, Liceu 2015-2Me quedé con ganas de más. Porque el Liceu es precioso. Porque impresiona estar ante un escenario en el que caben cinco automóviles. Porque es un lujo que la música de la orquesta y las voces de los cantantes suenen tan bien, tan en el tono justo, que parece mentira que esté pasando allí, en directo. Sin entrar en disquisiciones que no domino sobre las capacidades técnicas de los cantantes, sí diré que me gustaron mucho. Especialmente Escamillo, el barítono Massimo Cavalletti. También impresionante el coro. Mientras los escuchaba, recordaba sus protestas por los recortes de plantilla y sueldo.

Aún así, no me emocioné. Disfruté pero no me emocioné. No al nivel que lo hice hace años con Los miserables o con Cabaret. No sé si fue cosa de la obra, cosa mía o es que para apreciar la ópera en toda su grandeza hace falta acostumbrar el oído. Intentaré repetir.

José Sacristán, por Machado, en L’Hospitalet

El próximo sábado 29 de noviembre, José Sacristán actuará en el Teatre Joventut de Sacristan-OndasL’Hospitalet. La única razón por la que no acudiré a verlo es porque ya lo hice cuando estuvo en Santa Coloma con la misma obra. En ‘Caminando con Antonio Machado’, Sacristán recita al poeta acompañado por la música de violonchelo que interpreta Aurora Martínez (en el Teatre Sagarra de Santa Coloma fue Judith Jáuregui al piano).

Algunos poemas parecen escritos hoy, como el que nos recuerda que todos los gobiernos pasan, que no hay mal que cien años dure y que siempre se joroban los mismos. Otros nos emocionan hasta la lágrima (al menos a mí, que soy muy llorona), o nos hacen reír; o añorar, a través de la añoranza que sentía Machado al escribirlos. De verdad que merece la pena ir. Por si os ayuda a decidiros, os dejo mi crítica de la obra. Y no está de más recordar, que el actor acaba de recibir un nuevo reconocimiento: el premio Ondas 2014 a la mejor interpretación masculina por la serie Velvet. ¡Que lo disfrutéis!

Shakespeare tiene ritmo, ¡oh yeah!

shakespeare-on-the-beat-grec-cccb-2014La que escribe estas líneas ha abrazado el hip hop gracias a la obra Shakespeare on the beat, un espectáculo del Grec 2014 creado por Moisès Maicas (que también lo dirige) y Anna Soler Horta. Un estupendo grupo de jóvenes actores y bailarines de danzas urbanas parten de la métrica y personajes de El sueño de una noche de verano para poner en pie un ejercicio hermoso y, sobre todo, muy divertido.

En Shakespeare on the beat hay batallas de versos, hechizos que se difunden mediante pompas de jabón, lunas de luces de neón y sí, mucho ritmo. Todos están estupendos pero, puestos a destacar algún momento, me quedo con la expresividad del duende Puck, la voz de Titania y los cambios de agudos a graves del actor que, en la escena final, interpreta a una protagonista femenina en una obra dentro de la obra. Ah, y con la “paret arrebossada”…

Señalar también el estupendo trabajo del disc jockey que pincha la música sobre el escenario, creando los efectos sonoros que arropan la actuación de los intérpretes. Si aún no habéis elegido qué espectáculo ver estos días, éste, que forma parte del Grec Experimental, estará del jueves 10 al domingo 13 en el CCCB. Os va a gustar.

Todos somos para alguien, en algún lugar, un 20-01

un-trozo-invisible-de-este-mundoNo da tregua. O sí, no seamos injustos. Hay momentos para la risa, pero a menudo se te congela al escuchar la siguiente frase de Juan Diego Botto, o de la también estupenda Astrid Jones (ahí sí que no; en la historia Carta al hijo, basada en un hecho real acaecido en el CIE de Aluche, sólo pone algo de paz la canción que entona la actriz). Y es que Un trozo invisible de este mundo son cinco historias escritas por Botto sacadas de anécdotas propias o prestadas, pero reales, seguramente estiradas como chicle para ficcionarlas (esa frase de Juan Bonilla que leí una vez y tanto me gusta), pero reales muchas de ellas.

En la primera, Arquímedes, un tipo nos explica que el racismo no es racismo, sólo es vocación de mantener el orden del mundo. El problema está en quién decide que ese es el orden adecuado. Y que a cada uno nos suele parecer que las cosas se ordenan bien cuando caemos del lado bueno de la línea que separa el orden del caos.

Por ejemplo, en Locutorio, es fácil empatizar con un inmigrante argentino que lleva seis años en España, lejos de su mujer y de su hijo, y que intenta mantener el tipo y las esperanzas mientras ve que sus sueños se le escapan de las manos. Y también le entendemos cuando, rabioso, le grita “china de mierda” a una mujer que grita en otro teléfono haciendo difícil su conversación. Y lo hace pese a que, con toda seguridad, sabe que alguien también le llama o “le piensa” como un “argentino de mierda”.

En Carta al hijo nos enseñan cosas que también los espectadores sabemos. Que un Centro de Internamiento de Extranjeros y una cárcel se parecen demasiado. Con la salvedad, importantísima, de que no hace falta haber cometido ningún delito para entrar en el primero. Y que el miedo paraliza. Y que el rico se aprovecha a menudo del pobre. Y a veces el pobre del pobre, o del más pobre aún. Y de que a veces las cosas acaban mal, aunque pongas todo tu empeño en enderazarlas.

Turquito habla de la debilidad, de qué es ser un hombre, una persona. También de los héroes. De las situaciones tristes en que puede colocarte la vida. De que es fácil juzgar a los demás. De estrategias de supervivencia. De que vengan y te arranquen de cuajo todo lo bueno que tuviste. De normalizar lo que no debería ser normal, lo que no lo es. Aunque como decía el padre de una amiga, “cómo no va a ser si es”. De la ruleta rusa en la que a veces te toca perder sin haberte ofrecido a jugar. O sí, pero sentías que jugabas con blancas, y creíste que esa ventaja serviría para que la partida acabase en un resultado justo.

Y la apoteosis final: El privilegio de ser perro. La importancia de un papel, de los papeles. La superioridad que creemos que nos da el mirar los toros desde la barrera. El juzgar desde ahí y creer que somos ecuánimes, justos. Otra vez la justicia, y el estar situado a un lado o a otro. Seguramente no salgamos de la obra siendo mejores personas. Pero a lo mejor sí mirando de otro modo. ¿Y si un cambio de perspectiva en muchas miradas pudiese provocar pequeños cambios en la realidad que dieran paso, a su vez, a cambios más grandes? Por si existe ese posibilidad, no dejéis de ver Un trozo invisible de este mundo. Aunque sólo sea para recordar que todos somos para alguien, en algún lugar, un 20-01. Gracias Juan Diego Botto; gracias Astrid Jones; gracias Sergio Peris-Mencheta. Gracias. Y toda la suerte del mundo en los premios Max.

 

 

 

Autorretrato de un joven capitalista español: no recomendada para todos los públicos

Pues no. Autorretrato de un joven capitalista español, creada, dirigida e interpretada por Alberto San Juan, no es una obra para todos los públicos. Si eres un votante convencido de derechas, ¿para qué vas a ir? Nadie paga una entrada para pasar un mal rato. Si eres muy monárquico, tampoco creo que seas el espectador idóneo de este monólogo. Y, en general, si eres de los que prefiere no salir del patio de butacas sobreexcitado, pues tampoco. Porque esta obra te pone a pensar, derriba más de un ídolo y te trasmite la misma sensación que explica el autor sobre el escenario: que todo lo que estamos pasando ahora viene de atrás. Y que muchos no hemos empezado a verlo hasta hace cuatro días (otros continuarán así por mucho tiempo; a veces sin pretenderlo, a veces a conciencia).alberto-san-juan-autorretrato-joven-capitalista-espanolY el caso es que muchos de los datos que arroja San Juan en las dos horas que dura la obra ya los habíamos leído o escuchado (otros no, y oyes como se intercambian expresiones de sorpresa en las butacas de alrededor). Pero así, puestos uno detrás de otro, bien hilvanados (aunque él juegue a hacernos creer que no se sabe bien el texto, que improvisa, que pierde el hilo; y aunque intercale bromas personales) impactan. Al final, nos ha dejado sobre el escenario del Sagarra los libros con los que se ha documentado. No los recuerdo todos (y la batería de mi móvil no me ha dejado fotografiarlos): estaba, por ejemplo, “Los amos del mundo”, de Vicenç Navarro y Juan Torres. O “Mis conversaciones privadas con Franco”, de Francisco Franco Salgado-Araujo, primo del Generalísimo.los-amos-del-mundo-portada

Desfilan por el escenario Kissinger, Rockefeller (reconozco que nunca había oído hablar, por ejemplo, de la Comisión Trilateral), la crisis del petróleo de los 70, el papel del gobierno estadounidense en muchos escenarios internacionales (España incluida), y también los políticos, banqueros, etc. protagonistas de la política y la economía españolas del siglo XX y de lo que llevamos del XXI (también de la catalana). Y hay para todos. Desfilan por la pieza Aznar y Rajoy, González y Zapatero, Carrillo, la prensa, los protagonistas del 23-F (uno de ellos, el general Alfonso Armada, ha fallecido hoy). Lanza San Juan alguna puya que él mismo reconoce que no puede demostrar, porque sólo tiene la palabra de amigos que vivieron alguno de esos momentos. Pero otros datos están en los libros de historia, o incluso en las hemerotecas en boca de quienes los protagonizaron.

La tesis es contada con mucha gracia por el actor (uno de los protagonistas de películas para mí inolvidables como El otro lado de la cama o Una pistola en cada mano) y arranca risas al público, aunque sin dejar de remover en ningún momento. Y viene a ser la siguiente: a esto no hemos llegado por casualidad. En todo momento ha habido gente con poder, de fuera y de dentro, que ha impuesto el camino a seguir. También gente que ha cedido a esas imposiciones unas veces, y las ha aceptado de buen grado otras. Vamos, que nos han escrito el guión. Que Autoretrato-de-un-joven-capitalista-españolalgunos han puesto (o están poniendo) la puntilla en cuestiones como las privatizaciones o la reforma laboral, pero que otro antes dejaron abierta la puerta que lo permitió.

Un panorama feo, feo, del que el propio San Juan se pone como ejemplo contándonos que su época de desahogo económico pasó a la historia. Sin embargo el actor (también autor, director y empreario), uno de los fundadores de la compañía Animalario, no nos deja irnos deprimidos del teatro. Nos recuerda que la gente unida tiene poder, y que las historias no acaban hasta que cae el telón definitivamente. Nos dice que la cosa está magra, pero también nos señala algún resquicio por el que empezar a escapar (la compañía eléctrica Som energia, por ejemplo). Quizás pensándolo mejor, sí que ésta es una obra para todos los públicos. O estaría bien que lo fuera. Yo, modestamente, la recomiendo. Gracias, Alberto.

Recordando a Sara y a Antonia

Sara_Montiel_EntrevistaCuando hace poco más de un mes falleció Antonia Abad -Sara Montiel para la mayoría-, recordé la entrevista que le hice casi justo 21 años atrás: el 5 de abril de 1992, en el Diari de Tarragona. Era una de mis primeras entrevistas, y estaba preparada para enfrentarme al mito. Una cosa que nos sucede a la mayoría de los periodistas es que, incluso los tímidos como yo, aparcamos la vergüenza cuando estamos trabajando (por fortuna), y nos atrevemos a plantearles un cuestionario a todo tipo de personas; también a aquellas a las que nos daría pudor pedirles un autógrafo, o incluso saludarlas al cruzárnoslas por casualidad (como me pasó, por ejemplo, la vez que coincidí con Montserrat Caballé en un ascensor; pero esa es otra historia). Sin embargo, no pude entrevistarla en persona. Cuando acudí a su casa para hacerlo (entonces grababa un programa para TVE Catalunya y vivía en un piso en la zona alta de Barcelona) me abrió la puerta un asistente que me dijo que Sara no estaba arreglada como a ella le gustaba para recibir visitas o ser fotografiada. Me entregaron el cuestionario contestado a máquina. Extenso y, así me lo pareció, sincero.

Así que no pude ver a ese bellezón tremendo que era y que, estoy segura, seguía siendo aunque entonces ya tuviese 64 años. Sí conocí a su marido, unos días antes, en la grabación de “Ven al Paralelo”. Un hombre encantador, muy cercano, y que, según explicaba Sara en la entrevista, le había aportado estabilidad. Como ella escribió en aquel cuestionario “Cuando el amor llega a los cuarenta años no hay que dudar que es el verdadero amor”. Años después hablaría de Severo Ochoa como el hombre de su vida. Tal vez sí, pero puede que ahí interviniera la mitificación que solemos hacer de las pasiones cortas, donde hay mucho más espacio para adornar el recuerdo que vida compartida.

Me sorprendieron muchas cosas de las que me explicó. Como que no aprendió a leer y escribir hasta los 22 años, por intermediación del poeta León Felipe. “En aquella época no era como ahora que hay colegios públicos y la enseñanza es obligatoria. Antes sólo tenían derecho a aprender los ricos”, contaba. Así pues, llegó todo lo lejos que lo hizo (a Hollywood, a concitar la admiración de miles de personas, algunas entre las más influyentes de la época, a ser nuestra primera gran estrella internacional…) únicamente con su belleza, su talento y su intuición para tirar adelante, y para tomar en cada momento las decisiones adecuadas para su carrera.

También aseguraba que la fama nunca se le subió a la cabeza, que no se olvidó de que era Antonia además de Sara. Me parece un buen ejemplo cuando tanta gente hoy pierde el norte si consigue sus cinco minutos de fama. Llevó siempre con orgullo sus orígenes humildes y se puso el mundo por montera tantas veces como lo creyó necesario. ¿Le pesó tanta belleza? En la entrevista respondió que a algunos les costaba ver a la actriz que había detrás de la sensualidad. Era tan guapa que hubiera sido absurdo que echase mano de falsa modestia. Nunca lo hizo, pero tampoco explicaba sus romances y las pasiones que despertó de forma presuntuosa. Simplemente, contaba su vida, tal cual. A mí me sigue conmoviendo ver sus fotos y películas. Me parece estúpido intentar reducir a una mujer (o a un hombre) sólo a un físico. Pero igual de bobo me parece negar que hay rostros y cuerpos que, cuando los contemplas, detienen el mundo por un instante. Y a veces va tan rápido, que se agradece.