A mis madres

Soy una mujer afortunada que antes fue una niña con suerte. Tener tener, tengo una única (y magnífica) madre. Pero crecí en una época en la que la “familia extendida” era una realidad. Además, era bisnieta, nieta e hija de mujeres que habían sido madres jóvenes. Así que disfrutaba a diario no solo de mi madre (sí, con las madres también se disfruta, no todo son regañinas para que comas pescado o hagas los deberes), sino también de mi abuela y de mi bisabuela. Un lujo.

De todas aprendí mucho. Creo que puedo mirarme en el espejo de cada una de ellas; en uno u otro sentido, me parezco a todas: a Mamachón (el apelativo familiar de mi bisabuela), a mi abuela Encarna, y a mi madre Carmen. Mamachón era lista y persuasiva, sabía ganarse a la gente, algo que hacía de modo natural, sin tener que forzarlo. Mi abuela era práctica, honesta y fiel a los suyos hasta el final. Y mi madre… Mi madre es buena hasta decir basta, fuerte, tierna.

Mis hijos no han conocido a sus bisabuelas, y perdieron a su abuela Teresa muy pronto. Eso sí, su abuela Carmen está muy presente en sus (nuestras) vidas, igual que el abuelo Manuel. Le debemos mucho a esa cadena de mujeres que nos da raíces sólidas. No es fácil hacerlo bien. Cuando le toca a una misma, se da cuenta. Y entonces, si no lo habías hecho ya, pones en valor el trabajo de tu madre. Porque no hay empleo más longevo y exigente. Tampoco mejor pagado. Aunque el salario suele ser en sonrisas, en besos y abrazos y en riadas de orgullo materno. ¡Feliz Día de la Madre, mamá!

La violencia de género o el desprecio por el otro

Hay dos temas hoy que me están sacando de quicio. Uno es la lacra interminable de la violencia de género (o contra la mujer, o violencia machista). El otro son las declaraciones de Rafel Hernando, del Partido Popular, en un programa que no voy ni a nombrar, diciendo que “algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo”. Lo ha dicho cuando se hablaba del tema de las víctimas del franquismo y de las peticiones para que se desentierre a los muertos que aún siguen en cunetas y fosas comunes.

Lazo contra la violencia de género

En ambos casos hay una falta de respeto por las personas, por las víctimas, que me subleva. Como cuando escuchas a alguna gente quitarle importancia al maltrato a la mujer. Sí, todavía hay quien lo hace. Sacando a relucir supuestas denuncias falsas (debe haber alguna, sin duda, mala gente hay en todas partes, hombre y mujeres, pero no son mayoría), o recordando que también hay hombre maltratados (también los habrá, seguro, pero se defiende especialmente a la mujer porque la situación es mucho más habitual; porque termina trágicamente en muchas más ocasiones; y porque suele ir acompañada de una mayor situación de vulnerabilidad por parte de la víctima: por inferioridad en cuanto a la fuerza del hombre, por mayor dependencia económica y porque persiste cierta tolerancia que se arrastra de antiguo y no ha desaparecido).

Yo quiero que deje de ser necesario dedicar un día (el 25 de noviembre) a este tema. También me sobra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora (el 8 de marzo) pero, por desgracia, aún continúa siendo necesario reivindicar igualdad (de hecho, no de palabra ni de ley) en ese terreno. Y de las víctimas del franquismo, qué decir: no tienen ni día, nunca se les ha hecho un acto general de desagravio a los familiares. Y no parece cerca el momento de que eso cambie. Y sería de justicia.

Si es que son como niños…

Sí, ellos mismos se definen como tal con sus acciones: los hombres (una parte de ellos, al menos). Cuando ocurren cosas como los magreos a chicas (unas más borrachas, otras menos, unas que se han subido la camiseta solas, otras con las que ese primer paso lo han dado los chavales que las aupaban… de todo habrá) en los Sanfermines de Pamplona, la Red se inunda de comentarios tipo (los he leído) “venga ya! no tiene cara de estar pasándolo mal precisamente”, “quien se mete ahí ya sabe a lo que se arriesga”, “con un montón de hombres bebidos no esperarán que se comporten como caballeros”, etc.

Sanfermines_Machismo

Me ha recordado a la explicación que me dio un guía egipcio de religión musulmana sobre por qué las mujeres y los hombres oraban por separado en las mezquitas. Era más o menos lo que sigue (aclaro antes que el guía había estudiado, vivía a caballo entre su país y España…; es decir, que no era un integrista que viviese aislado en un pueblo recóndito): “Rezamos postrados en el suelo; imagina que tuviésemos delante a un montón de mujeres en esa misma posición; sería demasiado tentador”. Ah, o sea, como hay hombres que no han sido capaces de evolucionar lo suficiente para dominar sus instintos y respetar a las mujeres que no quieren tener sexo con ellos, se las relega, se las considera pecaminosas y peligrosas y todos tan contentos.

A lo mismo me han sonado los argumentos sobre los sucesos grabados estos días en nuestra fiesta más internacional y conocida. “Como algunos de nosotros cuando bebemos no sabemos comportarnos, no vengáis a la fiesta; si lo hacéis, no se os ocurra beber; y nada de enseñarnos el sujetador o un pecho, porque eso nos da bula para tocaros ese pecho (y ya de paso el culo y todo lo que esté al alcance de nuestras manos)”. ¿No hay límites? ¿El estar bebido y de fiesta te da derecho a extralimitarte? ¿Incluso aunque la chica intente evitar (harto difícil) que la cosa vaya a más? ¿O que sea obvio que no está en condiciones de pararlo? Así que si ella bebe, se lo ha buscado, por imprudente, por boba. Y si él bebe, hay que disculparlo. Lo dicho, si es que son como niños…

Confieso que he leído. Libros que me marcaron: Mujercitas

Cuando yo era pequeña los libros tenían menos competencia que ahora. Ya había televisión (no soy tan mayor…) pero sólo dos cadenas. A los ordenadores, tablets y consolas les faltaba mucho tiempo aún para llegar. Para los niños más bien tímidos, como yo, la lectura era una opción de crearse un mundo propio, un jardín secreto. Debía tener 5 ó 6 años cuando pedí por primera vez que me regalasen un libro concreto. Estaba en el escaparate de una pequeña librería cercana a mi casa (igual que el de la foMujercitastografía y de la misma colección, Bruguera Historias Color), y supongo que me llamó la atención ese dibujo de la teatral Jo actuando ante sus hermanas.

Aquella colección intercalaba páginas completas de texto con otras de cómic. La primera vez sólo leí el cómic, más asequible. Tiempo después, el libro completo (en su versión reducida, nunca he tenido el original de Louisa May Alcott; sí he visto varias veces, a lo largo de los años, la estupenda versión de George Cukor, con mi idolatrada Katherine Hepburn como Jo, y la de Mervyn LeRoy, con June Allyson,  Elizabeth Taylor, Janet Leigh…). Aunque yo era pequeña cuando lo leí, ya me atraía entre todas las hermanas (Meg, Amy, Beth) el personaje de Jo, que tenía claro lo que deseaba ser en la vida (escritora) y que estaba dispuesta a salirse de la norma y a hacer renuncias para conseguir su deseo. Mirada desde la actualidad, la historia puede parecer algo ñoña y moralista, pero poniéndola en el contexto de la época en que se escribió (1868) era avanzada en la visión del papel de la mujer. De hecho, Mujercitas tiene muchos rasgos autobiográficos de la propia autora, que logró dedicarse a la escritura (por cierto, ni se casó ni tuvo hijos, algo que también suponía escapar al camino trazado para las mujeres en aquellos tiempos). Conservo mi libro (con las tapas pegadas con celo, pero sobrevivió a varios traslados). Creo que en unos meses empezaré a dejarlo al alcance de mi hija, como quien no quiere la cosa, a ver si ‘pica’. No me parece una mala obra para empezar a descubrir el placer inagotable de la lectura. A ver si hay suerte…

Recordando a Sara y a Antonia

Sara_Montiel_EntrevistaCuando hace poco más de un mes falleció Antonia Abad -Sara Montiel para la mayoría-, recordé la entrevista que le hice casi justo 21 años atrás: el 5 de abril de 1992, en el Diari de Tarragona. Era una de mis primeras entrevistas, y estaba preparada para enfrentarme al mito. Una cosa que nos sucede a la mayoría de los periodistas es que, incluso los tímidos como yo, aparcamos la vergüenza cuando estamos trabajando (por fortuna), y nos atrevemos a plantearles un cuestionario a todo tipo de personas; también a aquellas a las que nos daría pudor pedirles un autógrafo, o incluso saludarlas al cruzárnoslas por casualidad (como me pasó, por ejemplo, la vez que coincidí con Montserrat Caballé en un ascensor; pero esa es otra historia). Sin embargo, no pude entrevistarla en persona. Cuando acudí a su casa para hacerlo (entonces grababa un programa para TVE Catalunya y vivía en un piso en la zona alta de Barcelona) me abrió la puerta un asistente que me dijo que Sara no estaba arreglada como a ella le gustaba para recibir visitas o ser fotografiada. Me entregaron el cuestionario contestado a máquina. Extenso y, así me lo pareció, sincero.

Así que no pude ver a ese bellezón tremendo que era y que, estoy segura, seguía siendo aunque entonces ya tuviese 64 años. Sí conocí a su marido, unos días antes, en la grabación de “Ven al Paralelo”. Un hombre encantador, muy cercano, y que, según explicaba Sara en la entrevista, le había aportado estabilidad. Como ella escribió en aquel cuestionario “Cuando el amor llega a los cuarenta años no hay que dudar que es el verdadero amor”. Años después hablaría de Severo Ochoa como el hombre de su vida. Tal vez sí, pero puede que ahí interviniera la mitificación que solemos hacer de las pasiones cortas, donde hay mucho más espacio para adornar el recuerdo que vida compartida.

Me sorprendieron muchas cosas de las que me explicó. Como que no aprendió a leer y escribir hasta los 22 años, por intermediación del poeta León Felipe. “En aquella época no era como ahora que hay colegios públicos y la enseñanza es obligatoria. Antes sólo tenían derecho a aprender los ricos”, contaba. Así pues, llegó todo lo lejos que lo hizo (a Hollywood, a concitar la admiración de miles de personas, algunas entre las más influyentes de la época, a ser nuestra primera gran estrella internacional…) únicamente con su belleza, su talento y su intuición para tirar adelante, y para tomar en cada momento las decisiones adecuadas para su carrera.

También aseguraba que la fama nunca se le subió a la cabeza, que no se olvidó de que era Antonia además de Sara. Me parece un buen ejemplo cuando tanta gente hoy pierde el norte si consigue sus cinco minutos de fama. Llevó siempre con orgullo sus orígenes humildes y se puso el mundo por montera tantas veces como lo creyó necesario. ¿Le pesó tanta belleza? En la entrevista respondió que a algunos les costaba ver a la actriz que había detrás de la sensualidad. Era tan guapa que hubiera sido absurdo que echase mano de falsa modestia. Nunca lo hizo, pero tampoco explicaba sus romances y las pasiones que despertó de forma presuntuosa. Simplemente, contaba su vida, tal cual. A mí me sigue conmoviendo ver sus fotos y películas. Me parece estúpido intentar reducir a una mujer (o a un hombre) sólo a un físico. Pero igual de bobo me parece negar que hay rostros y cuerpos que, cuando los contemplas, detienen el mundo por un instante. Y a veces va tan rápido, que se agradece.

Frases de niños (Lo que aprendo de Sara, VIII)

igualdad-hombres-mujeres-okMi hija ha nacido feminista. En el mejor sentido de la palabra (el único, de hecho; aunque haya quien quiera pervertirlo: ser feminista es creer en la igualdad de derechos y oportunidades para hombres y mujeres). Veíamos en la televisión la noticia de los actos de proclamación de los nuevos reyes de Holanda. Aparece la princesa Masako y comentan que hace 10 años que padece depresión. Comento con Juan quee uno de los motivos es la presión que sufrió por tener una hija y no un hijo. Sara me mira con los ojos muy abiertos y me pregunta por qué eso es un problema. Le digo que hay muchos lugares aún en los que se considera que un hombre vale más que una mujer. Y me contesta que eso es una tontería: “Además, mamá, si no hubiese chicas, no hubiera nacido nadie”. Su padre le puntualiza que los hombres también son necesarios (obviamente), pero me gusta (lo reconozco) que tenga tan claro que postergar a las mujeres es cerrar las ojos a muchas cosas. Entre otras, a nuestra capacidad de dar vida.

Y también me gusta que encaje con absoluta normalidad muchas más cosas. Seguimos viendo el telediario y dan la noticia de que el jugador de la NBA, Jason Collins, ha declarado que es homosexual. Le cuento que hay hombres a los que no les gustan las mujeres, sino otros hombres. Y mujeres que se enamoran de mujeres. Y me contesta, en plan, mamá, que ya… “Ya me lo explicaste, lo sé”. A veces no soy consciente del montón de cosas que ya sabe y comprende aunque solo tenga 6 años. Otro ejemplo. Hace unos días, aparece en las noticias un torero. Conversación con Sara:

– Mama, ¿por qué lo que lleva el torero es rosa y amarillo?

– ¿El capote? Sirve para llamar al toro, y suele ser de esos colores.

– Pero por qué, si el toro sólo ve en blanco y negro.

– … ¿Y tú cómo sabes eso?

– Me lo dijo alguien de esta familia (¿?) y como no tengo memoria de pez, me acuerdo.

Como esto siga así, voy a tener que pedirle una lista de los temas de los que va a querer hablar y preparármelos para no quedar mal con la renacuaja de 6 años, que dentro de poco me va dar sopa con ondas ; – )

Día Internacional contra la Violencia de Género

Lazo contra la violencia de géneroEn unas horas será 25N, que no és únicamente el día de las elecciones en Cataluña, sino también el Día Internacional contra la Violencia de Género. Sigo sin entender esta lacra, como la mayoría de mujeres, y hombres, de este país. Pero como por desgracia sigue ocurriendo, hay va un pequeño relato dedicada a las mujeres que están pasando o han pasado por ello:

RES EXTRAORDINARI

Mira estranya’t com una llàgrima comença a baixar per la meva galta.

– Per què plores –em pregunta.

– Pel que has dit –barbotejo.

– T’he dit seu, treu-te les sabates i mira alguna cosa a la televisió mentre preparo el sopar; no em sembla res extraordinari.

He recordat una discussió amb el meu ex, que m’escridassà per voler veure una sèrie que m’agradava. Bé, aquella va ser una de tantes excuses per iniciar el ritual de sempre. “No fas res en tot el dia, no vals ni el menjar que et prens, i a sobre he d’aguantar veure aquesta merda a la tele!”. Així va començar aquella vegada, una de tantes nits en què aquell home, que una vegada vaig pensar que m’estimava, va actuar sentint-se amo de la casa i de mi mateixa.

Abraço amb força la meva actual parella i li responc:

– Tens raó, no és res extraordinari.