Ciudadano Kane: cine y periodismo

Orson_Welles-Citizen_Kane1Imperdonable. No se puede hacer una sección de películas relacionadas con el periodismo y no haber hablado de Ciudadano Kane. Enmendamos el error en el año del centenario del protagonista, guionista y director de tan magnífica película. Como llegamos un poquito tarde, sabemos que no queda nada original que decir, pero tan intrépidas como el editor de periódicos y multimillonario Charles Foster Kane (personaje central de Ciudadano Kane), vamos a intentar dejar huella con esta crítica. Ejem, ejem.

Welles rodó Ciudadano Kane, una película considerada por muchos la mejor de la historia, con sólo 26 años. La fuente de inspiración del guión (desarrollado conjuntamente por Welles y Herman J. Mankiewicz) fue el magnate de la prensa William Randolph Hearst. Una de las historias alrededor de la historia del largometraje es la cólera que generó el Hearst, que prohibió que todos los medios de comunicación que poseía mencionaran siquiera la película.

Ciudadano Kane se ganó su lugar en la historia del cine por muchos motivos… Sigue leyendo el post original.

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Despidiéndonos de Gabo

Gabriel García Márquez (2002), autor Jose Lara. Imagen extraída de Wikipedia.

Gabriel García Márquez (2002), autor Jose Lara. Imagen extraída de Wikipedia.

Hay autores a los que, aunque no tengamos el placer de conocer, sentimos que son algo nuestro. El escritor que consigue eso, ha triunfado en toda la amplitud de la palabra. No soy de releer libros (hay tantos que merecen la pena y tan poco tiempo), pero ha muerto Gabriel García Márquez, así que voy a recuperar mi ejemplar de El amor en los tiempos del cólera, una de mis novelas favoritas. Sé que muchos prefieren Cien años de soledad, el mundo de Macondo, pero a mí me conmovió más la historia de ese amor contrariado que tuvo paciencia y acabó triunfando.

Reproduzco aquí el post que hemos publicado hoy en 140 Comunicació: nuestro humilde homenaje a un gran periodista y escritor:

En 140 Comunicació nos sentimos en deuda con Gabriel García Márquez. Primero, por habernos regalado tantas palabras, escritas con un dominio del lenguaje, de las historias, que dominaba en su doble faceta de periodista y escritor. Y segundo, porque teníamos previsto desde hace meses dedicarle un post y lo hemos ido retrasando. Hoy ya no hay excusas: Gabo ha fallecido a los 87 años.

En un repaso rápido a nuestras lecturas compartidas, hemos visto que nos ha hecho disfrutar con El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto, El coronel no tiene quien le escriba, Relato de un náufrago, Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, Memoria de mis putas tristes (su última novela, publicada en 2004) y el libro que recogía veintidós discursos pronunciados a lo largo de su vida, Yo no vengo a decir un discurso, la última publicación en la que pudimos disfrutar de sus palabras, en 2010.

No nos ponemos cien por cien de acuerdo en cuál es su mejor libro. Es difícil elegir cuando hay tanto y tan bueno. Cada una atesora una frase, un sentimiento… Algo de lo mucho que nos regaló en su larga carrera. Quien esto escribe tuvo la suerte de ver un documental sobre su vida. Tan rica que se hace más fácil entender de dónde extrajo la materia prima para tanta y tan buena literatura. Sólo alguien como él podía hacer que Macondo fuera para todos los lectores de Cien años de soledad un lugar que, por fuerza, existía, por más que no figurase en los mapas.

Su faceta de periodista era menos conocida, quedó algo sepultada por sus novelas. Pero quien haya leído Noticia de un secuestro o Diario de un náufrago sabe que también ahí era un maestro. Como él mismo dijo: “Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista aunque se vea poco. Pero esos libros tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, pero el método de investigación y de manejo de la información y los hechos es de periodista”. Ahora nos apetece más que nunca que pueda conseguirse en España el libro Gabo, periodista, antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez, que publicó en 2012 la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

Gracias Gabo.

Recordando a Sara y a Antonia

Sara_Montiel_EntrevistaCuando hace poco más de un mes falleció Antonia Abad -Sara Montiel para la mayoría-, recordé la entrevista que le hice casi justo 21 años atrás: el 5 de abril de 1992, en el Diari de Tarragona. Era una de mis primeras entrevistas, y estaba preparada para enfrentarme al mito. Una cosa que nos sucede a la mayoría de los periodistas es que, incluso los tímidos como yo, aparcamos la vergüenza cuando estamos trabajando (por fortuna), y nos atrevemos a plantearles un cuestionario a todo tipo de personas; también a aquellas a las que nos daría pudor pedirles un autógrafo, o incluso saludarlas al cruzárnoslas por casualidad (como me pasó, por ejemplo, la vez que coincidí con Montserrat Caballé en un ascensor; pero esa es otra historia). Sin embargo, no pude entrevistarla en persona. Cuando acudí a su casa para hacerlo (entonces grababa un programa para TVE Catalunya y vivía en un piso en la zona alta de Barcelona) me abrió la puerta un asistente que me dijo que Sara no estaba arreglada como a ella le gustaba para recibir visitas o ser fotografiada. Me entregaron el cuestionario contestado a máquina. Extenso y, así me lo pareció, sincero.

Así que no pude ver a ese bellezón tremendo que era y que, estoy segura, seguía siendo aunque entonces ya tuviese 64 años. Sí conocí a su marido, unos días antes, en la grabación de “Ven al Paralelo”. Un hombre encantador, muy cercano, y que, según explicaba Sara en la entrevista, le había aportado estabilidad. Como ella escribió en aquel cuestionario “Cuando el amor llega a los cuarenta años no hay que dudar que es el verdadero amor”. Años después hablaría de Severo Ochoa como el hombre de su vida. Tal vez sí, pero puede que ahí interviniera la mitificación que solemos hacer de las pasiones cortas, donde hay mucho más espacio para adornar el recuerdo que vida compartida.

Me sorprendieron muchas cosas de las que me explicó. Como que no aprendió a leer y escribir hasta los 22 años, por intermediación del poeta León Felipe. “En aquella época no era como ahora que hay colegios públicos y la enseñanza es obligatoria. Antes sólo tenían derecho a aprender los ricos”, contaba. Así pues, llegó todo lo lejos que lo hizo (a Hollywood, a concitar la admiración de miles de personas, algunas entre las más influyentes de la época, a ser nuestra primera gran estrella internacional…) únicamente con su belleza, su talento y su intuición para tirar adelante, y para tomar en cada momento las decisiones adecuadas para su carrera.

También aseguraba que la fama nunca se le subió a la cabeza, que no se olvidó de que era Antonia además de Sara. Me parece un buen ejemplo cuando tanta gente hoy pierde el norte si consigue sus cinco minutos de fama. Llevó siempre con orgullo sus orígenes humildes y se puso el mundo por montera tantas veces como lo creyó necesario. ¿Le pesó tanta belleza? En la entrevista respondió que a algunos les costaba ver a la actriz que había detrás de la sensualidad. Era tan guapa que hubiera sido absurdo que echase mano de falsa modestia. Nunca lo hizo, pero tampoco explicaba sus romances y las pasiones que despertó de forma presuntuosa. Simplemente, contaba su vida, tal cual. A mí me sigue conmoviendo ver sus fotos y películas. Me parece estúpido intentar reducir a una mujer (o a un hombre) sólo a un físico. Pero igual de bobo me parece negar que hay rostros y cuerpos que, cuando los contemplas, detienen el mundo por un instante. Y a veces va tan rápido, que se agradece.

Iván Faure: el viaje como experiencia vital

Ivan_Faure_Bicicleta

Imagen del viaje en bicicleta por Asia de Iván Faure

Hace poco entrevisté a Iván Faure para Santako Mola, una web de Santa Coloma de Gramenet en la que colaboro. Este colomense ha estado en más países (superan los 40) que años tiene (34). Además, en el caso de Australia y de Asia el viaje lo hizo en bicicleta, a un ritmo de unas 6 horas al día de intenso pedaleo.

De sus vueltas por el mundo dejan constancia sus estupendas fotografías, sus blogs (que le sirvieron para relatar su viaje casi casi en directo) y los dos libros que ha escrito. Pero queda sobre todo un modo de mirar la vida, y de vivirla. Explica que su primer viaje en solitario decidió hacerlo en un momento de cambios importantes en su vida, y que, por su timidez, nunca había pensado que se sentiría tan a gusto con la libertad que ofrece el viajar solo.

Viajaba solo pero, en casi todas partes, se sintió acompañado. Y arropado. Afirma que los occidentales nos hemos vuelto competitivos y egoístas, y que en Asia (y también en Australia; quizás porque, pese a ser un país de cultura y estilo de vida anglosajón, los tiempos y los ritmos son otros) hay más solidaridad. No niega que tuvo alguna experiencia negativa, pero valora las positivas, que fueron muchas más.

Explica que después de una experiencia así no hay vuelta atrás, que se hace muy difícil bajarse de la bici (hablando literal y también metafóricamente) y volver a una vida que encaje en los estándares hacia los que todos parecemos abocados: vivir en pareja, hipotecarse (eso cada día está más difícil), tener un trabajo estable (de esto ya ni hablemos), tener hijos.

Cuenta que sus amigos le tienen cierta envidia. Embarcados como están hace tiempo en esas vidas convencionales, les parece ya descartada para siempre la posibilidad de explorar itinerarios alternativos. Aunque, tal y como están las cosas, quizá alguno de ellos (o de nosotros) tenga que alterar un día de estos el rumbo que marcó hace tiempo. En cualquier caso, lo importante es que todos, tiremos hacia un lado o hacia otro, sigamos haciendo camino al andar, que diría el poeta. Aquí podéis leer la entrevista que le hice a Iván Faure para Santako Mola.

Montserrat Roig, 20 anys més tard

L’any que va morir Montserrat Roig, ara en fa 20, jo començava la carrera de periodisme. Així que era massa jove per haver llegit la majoria dels seus articles o vist els seus programes d’entrevistes a la televisió. I, tot i així, la tenia idealitzada. Era una dona forta, independent, periodista i escriptora, com jo volia ser, amiga de homes i dones brillants, solidària, d’esquerres, guapa, lliure, apassionada, admirada… Jo volia ser Montserrat Roig.

Suposo que per això, perquè molts (i sobretot moltes) ens emmirallaven d’alguna manera en ella ens va impactar tant la seva mort. Hi ha gent que sempre ens semblarà que ha mort massa jove, perquè no voldríem que es morissin mai. Però morir als 45, sense dubte és massa aviat, massa trist.

Malgrat tot, dues notícies positives. Una que tinc la sensació (no l’evidència) de què la seva mort va posar en alerta moltes dones sobre la necessitat de cuidar-se i de prevenir en el possible el càncer de mama. I l’altra, que com diu aquest magnífic article de Rosa Mora a El País, “Montserrat Roig vence al tiempo”. Se la recorda, se la llegeix i tot fa pensar que seguirà sent així durant molt més temps.

Personas humildes, grandes escritores: Pere Calders

Organizando viejos (muy viejos) papeles, he encontrado una carta que me escribió hace años el estupendo escritor Pere Calders. En ella me agradecía la entrevista que le había hecho para un semanario, Nou Campus, que se difundía por las universidades catalanas. El simple detalle de molestarse en enviar la carta (a una estudiante de periodismo), ya dice mucho de él.

Aquel encuentro me impresionó mucho. Y no por estar delante de uno de los autores más leídos y reconocidos en lengua catalana, sino más bien por lo contrario: porque cuando tantos autores se comportan como si fueran la última Coca-Cola en el desierto, Calders me dijo cosas como que nunca se había considerado un escritor profesional. De hecho, me comentó que, si había escrito sobre todo cuentos cortos, no era porque fuera su género preferido (o no sólo por eso). Se debía a que la literatura, en general oficio inestable y mal pagado, la tuvo que combinar siempre con trabajos más seguros. Se levantaba de madrugada, y así tenía un par de horas para escribir antes de irse a trabajar. Con una dedicación diaria tan breve, le era más fácil armar relatos que novelas.

Es posible que aquella fuera una de las últimas entrevistas que le hicieron antes de su fallecimiento, a los 82 años. Su vitalidad, su lucidez, su sentido de la ética y su humildad me han recordado las de otro autor de avanzada edad que, igual que Calders, sabe conectar, como escritor y como ser humano, con gente de todas las edades: José Luis Sampedro. Sin duda, no se requiere ser buena persona para ser buen escritor (abundan los ejemplos de enormes autores más que controvertidos: Céline o V.S. Naipaul, por citar algunos). Pero, qué queréis que os diga. Si además de escribir bien, sientes que te apetecería tomar un café con ellos, el libro se saborea más. Al menos, es mi caso. Gracias señor Calders.