Violencia

El 7 de marzo de 2008 escribí este post en un blog que tenía por aquellas fechas. Hablaba de dos tipos de violencia: el terrorismo de ETA y la violencia contra las mujeres. El primero, si nada se tuerce (lo digo cruzando los dedos) ha llegado a su fin. En cambio del segundo hay un goteo continuado de malas noticias. Por eso he recuperado la entrada. La copio a continuación:

Hace unas horas, ETA ha vuelto a matar. Una vez más, alguien ha decidido arrogarse el derecho de decidir sobre la vida de los demás. Da tanto asco, tanta rabia y tanta pena volver a escuchar las palabras de siempre en los noticiarios. “No podrán con los demócratas”, “son sus últimos coletazos”…

Conseguir matar es fácil. No siempre, pero sí si a uno no le importa jugarse la propia vida o si, como en este caso, se elige un objetivo desprevenido. Espero que las manifestaciones de repulsa del lunes sean multitudinarias. Me da miedo pensar que sirvan poco más que para vomitar el cabreo de muchos, para ejercer el
derecho al pataleo.

El problema es que ellos no escuchan. Tienen un discurso de autojustificación que hace aguas por todos lados, pero les vale. Los seres humanos tenemos una capacidad
casi infinita de justificar lo injustificable. Para salirnos con la nuestra y que, pese a todo, no se nos caiga la cara de vergüenza y, sobre todo, para que no se nos desmonte el chiringuito que hemos armado para tirar para alante con nuestras miserias a cuestas.

Estoy segura de que no es muy diferente la película que se explican a sí mismos los terroristas que la que se cuentan aquellos que ejercen la violencia machista. “Se lo merecía”, “se lo buscó”, “no me quedó otra salida”, “es culpa suya”… Lo único que cambia es la respuesta de la sociedad. Hace poco, cuatro mujeres, tan inocentes como el ex concejal Isaías Carrasco, fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas.

Laura, María Victoria, Virma y María Jesús eran, al igual que Isaías, gente corriente que no merecía ese final. Nadie llamó a una convocatoria en las calles de todo el país. Quizás pensaron -pensamos- que los de ellas son casos particulares, sin un agresor común. Pero, aunque es cierto que los asesinos eran distintos, el trasfondo es el mismo: un sustrato en la sociedad que lleva a pensar a algunos que sus mujeres son SUYAS, y que cuando se vuelven una presencia incómoda, pueden, como propiedad suya que son, desembarazarse de ellas.

Creo que sólo el día que todos gritemos bien fuerte que son los asesinos y no las víctimas los que no tienen cabida en esta sociedad, empezarán a cambiar las cosas. Son pocos -por supuesto, la mayoría de hombre no son así-, pero son demasiados. Uno solo ya es demasiado. A ver si entre todos desmontamos su coartada (07.03.2008).

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2 pensamientos en “Violencia

  1. Hola Susi. Sí, falta educación, sin duda. Pero también hablar alto y claro puede ayudar. A que ciertos jueces sepan que algunas sentencias no son tolerables, por ejemplo. Se puede trabajar en ambas estrategias a la vez. A ver si dentro de no mucho tiempo lo recordamos como algo aberrante que no entendemos como pudo llegar a pasar con tanta frecuencia. Besos a ti también!

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