Otro año, otra oportunidad

check-153363_640Desde hace unos minutos, tengo 42 años. Esta vez no es ninguna cifra significativa. No supone un cambio de década, y tampoco anuncia ninguna diferencia en cuanto a cuestiones legales: hace tiempo que me puedo casar -de hecho ya lo estoy -que puedo conducir -aunque no lo hago -, que si quemo una papelera y me pillan pago yo la multa y no mis padres -tranquilos, no lo tengo en mente-, etc.

Aun sin ánimo de ponerme trascendente, lo que siento es que, pese a la relativa irrelevancia de cumplir 42 (y no poder apuntarse a una euforia: la de los 18, la de los 20…; ni a una crisis: la de los 40, la de los 50…) cada año cuenta. Es una nueva oportunidad de hacer cosas, por nosotros y por los demás. De ir tachando apuntes de las listas de sueños u objetivos vitales (ya he ido aquí, ya he hecho esto, ya he dicho aquello que llevaba demasiado tiempo guardando…).

Y como 365 días pasan volando, saco mi lista ya y a ver cuantas marcas de “hecho” puedo contar de aquí al 23 de enero de 2015. Eso sí: sin perder de vista que, entre objetivo y objetivo, lo que de verdad importa es disfrutar del camino.

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¿La crisis de los 40? Ni está ni se la espera

Cuarenta añosNo sé, quizás será cuestión de voluntad, o afán de llevar la contraria, pero acabo de cumplir 40 años y no me da la gana deprimirme, acogotarme, coartarme ni ningún otro verbo pronominal de connotaciones negativas. O tal vez sea porque estoy tan harta de oír hablar de crisis y de que me metan miedo con ella, que me ha dado un rebote de positividad.

Tengo 40 años, un marido, una hija, una familia, bastantes amigos, una profesión, un techo, una salud razonablemente buena, ganas de cachondeo, cierto grado de lucidez, una pizca de ingenuidad bien conservada pese a los años; hago una fideuà estupenda (robot de cocina mediante), bailo más o menos bien, soy rápida leyendo y una fiera tecleando al ordenador (sin mirar); tengo memoria de elefante, pero capacidad de perdón; hago amigos con facilidad y, si acaso tengo la misma para hacer enemigos, no me suelo dar ni cuenta; tengo buena piel, un cabello fuerte, y un estómago a prueba de bombas; me cuesta enfadarme, casi tanto como poco me cuesta indignarme; y hay que ser muy convincente para conseguir que le dé prioridad al lado negativo de las cosas; me gusta seguir por aquí, y eso significa cumplir años, así que habrá que llevarlos con dignidad y alegría. Aunque sean los temidos 40…