¡Bien! Mi hija lee

SecretKingdom-portadaEsta semana mi hija de nueve años me ha dicho dos de aquellas frases que hacen que una madre tenga ganas de saltar de alegría: “Me he vuelto adicta a la lectura” y “cuando leo siento que estoy dentro de la historia”. No sé cómo ha pasado exactamente, cómo ha sido el proceso por el que le ha encontrado la magia a los libros. Hasta hace poco, teníamos que imponerle la lectura, no era una actividad voluntaria (o, cuando lo era, la sesión lectora duraba muy poco).

Imagino que las pequeñas estrategias aplicadas durante todos estos años han ido calando. En casa hay muchos libros, a su padre y a mí nos ve leer, le decíamos lo que disfrutábamos nosotros y cómo disfrutaría ella, la llevábamos a la biblioteca, le regalábamos libros (siempre dejándole elegir dentro de los de su edad), la ayudamos en el proceso de aprender a leer para que cogiera soltura y no se le hiciera cuesta arriba coger un libro… O igual ha sido pura chiripa.

En cualquier caso, y aprovechando que es el Día de las Librerías, os dejo un enlace a esta estupenda fiesta y dos más con consejos para animar a niños y jóvenes a la lectura:

Misterios de la vida (Lo que aprendo de Sara XV)

interroganteLos niños sacan sus propias conclusiones sobre los temas fundamentales de la existencia: nacimientos, muerte, relaciones padres-hijos… Estas son algunas de las que mi hija Sara ha extraído en los últimos dos años (ahora tiene 9):

  • “Me gusta la vida”: Vemos “El vuelo”, la escena en el hospital donde se encuentran por primera vez el protagonista y la chica con la que luego tiene un romance. Un paciente con cáncer les hace ver que quizás sea cosa del destino que se hayan conocido. Sara me mira y le digo “Se necesitan. A veces pasa, que dos personas que se necesitan se encuentran”. Su repuesta: “¡Pues qué bien! Me gusta la vida, menos lo de morirse…”.
  • Alimentación en el útero materno: No recuerdo de qué estábamos hablando, pero mi hija (que sabe que los bebés en el vientre de la madre se alimentan a través del cordón umbilical) emite su veredicto sobre la alimentación prenatal: “Qué asco, ¡los bebés en la barriga comemos roña del ombligo!”.
  • Descendemos de los pájaros: Siguiendo con el tema alimentación de bebés, otra conclusión sorprendente. Esta lanza una auténtica teoría de la evolución: “En realidad, más que de los monos, venimos de los pájaros, porque comemos como los pájaros pequeños: comida masticada por sus madres”.
  • Ambición formativa: Sara se queja de que su padre, según ella, se equivocó el otro día en el tema que tenía que estudiar. Y su padre le dice que no se queje “que si yo no te ayudara…” y la niña contesta “si tú no me ayudaras ya estaría en Harvard”.
  • Diplomacia: Tras una primera negativa rotunda, la convenzo de que se ponga ya el pijama (firmeza y amenaza de castigo mediante). Acepta pero me pide que sea su padre quien se lo solicite y, así sea él quien se cuelgue la medalla. ¿Por qué? “Porque él me lo ha pedido primero y no le he hecho caso. Si ahora a ti sí te lo hago, se sentirá mal”. Me quito el sombrero ante Sara.

Lo que aprendo de Sara: ¿Tutear o tuitear?

El mundo ha cambiado, y los niños tienen una capacidad de adaptación que sus padres ya no poseemos. Eso explica la primera frase de Sara de hoy.

  • Identidad digital. Sara estaba haciendo deberes de lengua de 3º con su padre, y él intentaba explicarle el término “tutear”, y ella le dice “¿es hacer un tweet?”. Así que el concepto de identidad digital, del que tantos manuales estamos escribiendo los mayores, ellos lo traen de serie.
  • A cada cosa, su nombre. ¿Quién inventó el nombre de las cosas? ¿Por qué ese y no otro? Sara busca a menudo la opción más coherente con la realidad. Ejemplo: “Sara, ¿sabes cómo se llaman los árboles enanos?” “¿Arbolitos?”. En realidad, bonsáis, pero arbolitos sería la mar de apropiado.
  • El mejor invento del mundo. En un juego de preguntas, sale quién es el líder en una manada de elefantes. Al saber la respuesta (la hembra más anciana) a mi hija le parece una buena elección. Tanto que afirma: “Es el mejor invento de la humanidad, junto con las tiendas de todo a 1 euro”. Ante mi desconcierto por la segunda elección me explica: “Así podemos comprar muchas cosas sin gastar demasiado dinerito”. Una chica de gustos sencillos.
  • Variedad cosmética. Mi hija tiene irritada la nariz de sonarse e intento aliviarla usando mi crema de noche. Ve que tengo otro bote de crema de día y su pregunta no puede ser más lógica desde el punto de vista lingüístico: “Mamá, ¿también hay crema de tarde?”. Por suerte no. Qué estrés…
  • Prodigio de diplomacia. Tras una primera negativa rotunda, la convenzo de que se ponga ya el pijama (firmeza y amenaza de castigo mediante). Acepta, pero me pide que sea su padre quien se lo solicite y, así, se cuelgue la medalla. ¿Por qué? “Porque él me lo ha pedido primero y no le he hecho caso. Si ahora a ti sí te lo hago, se sentirá mal”. Me dejó con la boca abierta. Y seguimos el plan ; )

Frases de niños (Lo que aprendo de Sara, XI)

Mi hija tiene siete años, así que aún me libro (todo llegará…) de explicarle “cómo papá 0008756956J-565x849introduce una semillita en mamá”, o lo que sea que recomiendan ahora los expertos que se les diga cuando preguntan por esta cuestión. Pero sí me sorprende con sus argumentaciones sobre cosas como los tipos de amor.

Como todos nos metemos a veces en terrenos pantanosos, el otro día salió el asunto de los novios. Y su padre, raudo, le dijo que, de momento, él era su único amor. Y ella le respondió: “Sí papá, pero tú eres un amor amistoso, y luego está el amor cuchi cuchi”. ¿El amor cuchi cuchi? ¿Y eso qué es? le preguntamos, más que nada para ver hasta dónde llegaba su intuición sobre el tema. Y, con su maravillosa inocencia, pero demostrando que no tiene un pelo de tonta, nos dijo, “pues el de darse besitosssss” : )

¿Qué nota sacó Wert? En igualdad de oportunidades seguro que 0

Esta tarde he escrito el siguiente tweet: “Según Wert un pobre solo ha de ir a la universidad si alcanza la excelencia. Si eres rico da igual, como paga papi…”. Tengo un número de seguidores medio, algo más de 1400, es decir, no soy una celebridad. Por eso me ha sorprendido la viralidad que ha alcanzado ese mensaje: va por los 139 retweets y casi 20 favoritos. La unanimidad (en su contra) que está alcanzando la Lomce llama la atención. Pero aún la llama más que al señor ministro (y al resto del gobierno) ni las manifestaciones, ni las opiniones (bien argumentadas) en protesta por su ley de educación y otros asuntos colaterales (como el cambio en las normas de concesión de becas) le lleven a replantearse sus medidas.

becas_MECMe centraré en esto último. José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, ha dicho en una entrevista en TVE que un universitario que no obtenga una nota superior al 6,5 debería plantearse dejar la carrera. Esa es la nota media que quiere exigir a los estudiantes que necesiten una beca. Justifica esta medida (y la Lomce en general) por la necesidad de elevar el nivel de la eseñanza en España.

Como le he dicho a una persona en Twitter, estoy de acuerdo con difundir la cultura del esfuerzo. Podríamos discutir si, para alcanzar ese objetivo, sería una buena medida exigir a todo el mundo (becados y no becados, en la universidad pública y en la privada) que se pase de curso con un 6,5 y no con un 5 pelado. El problema es que en la propuesta de Wert la exigencia será únicamente para aquellos cuyas familias necesiten obtener una beca para poder mandar a su hijo a la universidad. Es decir, si eres un estudiante mediocre, o incluso malo, pero tus padres tienen para pagar la matrícula de un centro público (o de uno privado), no hace falta que te esfuerces por buscar la excelencia.

Al no exigir un 6,5 a quien se pueda pagar una universidad privada, se desmonta sola la excusa de pretender elevar el nivel del conjunto de los estudiantes. Pero es que a los que optan por la pública, además, les estamos pagando la universidad entre todos (y bien contentos de hacerlo si todos partimos de la misma casilla de salida, que no es lo que promulga la propuesta del ministro).

Resumiendo: ¿Tu familia no puede pagarte la matrícula? Pues más te vale que seas un cerebrito, o despídete de la enseñanza superior. ¿Eres malo de narices estudiando pero tus padres tienen un buen pasar económico? Pues no te preocupes, que para los que pagan sin necesidad de beca siempre habrá un hueco. Eso sin olvidar que, como demuestra más de un estudio (y como dicta la lógica), las familias con mayor poder adquisitivo pueden ayudar más a sus hijos en los estudios: con profesores de refuerzo, con cursos de idiomas, eximiéndoles de tener que combinar trabajo y carrera, proporcionándoles un ambiente adecuado de estudio en casa, etc. Así que Wert y el PP están restando igualdad de oportunidades a una situación que nunca había sido igualitaria.

Os dejo un interesante artículo de El País, con opiniones de profesionales del mundo de la educación, por si queréis ahondar en el tema. Yo lo tengo claro hace tiempo. Se les ve demasiado el plumero.

Frases de niños (Lo que aprendo de Sara, VI)

Huevos-polloSoy partidaria de hablar siempre con claridad a los niños y no mentirles. Eso sí, adaptando los temas a su edad e intentando no traumatizarlos (no sé, si les hablas de la muerte, por ejemplo, no hace falta que les expliques que todos acabamos llenos de gusanos, como los cadáveres de Bones o de CSI). Sin embargo, tanta sinceridad a veces me pone en auténticos aprietos.

Por ejemplo, mi hija sabe que todo el mundo acaba muriendo. Que es algo que forma parte de la vida y que normalmente pasa a la gente que ya es muy mayor. Pues el otro día, con sus 6 añitos, me dice: “Mamá, yo no quiero morirme nunca, me da escalofríos pensar en la muerte”. Le expliqué que para eso falta mucho tiempo, y que no es algo en lo que haya que estar pensando de continuo. Por suerte, en seguida pasó a otro tema y no le he notado el más mínimo signo de tristeza o miedo. Es tan feliz como siempre. Pero sí, tenían razón cuando me decían en la guardería que ya era evidente que era una niña muy reflexiva…

El otro día, no sé cómo, acabamos hablando de los huevos de galina. Ella me decía que qué pena comérselos porque impedías que naciese un pollito. Le expliqué que no es así, que los huevos que comemos no están fecundados, que nunca ha habido posibilidad de que de ahí saliera un pollito. Que son como los huevos (“diferentes, más pequeños”) que tenemos las mujeres, y que sólo si el papá y la mamá han hecho el amor (menos mal que ahí no me pidió detalles…) cuando el huevo estaba listo, nace un bebé, como pasó con ella. Pero que no es fácil, que pasa pocas veces. Y ahí me dice: “Qué interesante… Entonces, yo estuve a punto de desaparecer, ¿verdad?” A partir de ahora, me voy a limitar a comenta con ella los capítulos de Bob Esponja…

Conversaciones infantiles (Lo que aprendo de Sara, III)

Con los hijos te ríes, te sorprendes y, a veces, ves una luz de esperanza de que, quizás, su generación lo hará mejor que la nuestra. Tres ejemplos:

1. – ¿Qué has comido hoy en el comedor? Arroz a la cubana.

Ah. ¿Cómo lo hacen allí? ¿Te ponen el tomate frito encima del arroz o aparte? Encima.

¿Y le añaden carne o salchichas o algo? Mamá, no me hagas preguntas. No sé por qué a ellos les sale más rico que a ti.

Hija, a veces me hundes en  la miseria…

2. (Se escucha en la radio el anuncio de un recopilatorio de música española de los 60 y 70. Nino Bravo y compañía):

Sara, es música es de cuando tus abuelos eran jóvenes. ¡Qué antigua! Debe ser, por lo menos, de la I Guerra Mundial.

Yayos, perdonadla, aún no domina el timeline histórico.

3. Le compro un recortable de muñecas. Todas rubias o castañas, la mayoría con ojos claros. Cuando lleva un rato jugando, Sara me pregunta: Mamá, ¿por qué no hay ninguna muñeca marrón?

Pues eso, señores fabricantes de juguetes: en el mundo hay gente de muchos colores.